ERMITA DE SANTA MARÍA DE EUNATE

MURUZABAL – NAVARRA EN EL CENTRO GEOGRÁFICO DE NAVARRA

A muy poca distancia de donde el Camino Francés y el Camino Aragonés se unen en Navarra para agrupar en un solo Camino de Santiago a los peregrinos jacobeos que han atravesado los Pirineos, los viandantes se encuentran, en medio del campo, con un edificio románico que sorprende, que llama la atención, tanto por su caprichosa planta octogonal, como por la arcada que le rodea. Es la ermita de Santa María de Eunate, ese lugar donde se oye el silencio.

Hasta ella acuden los peregrinos que caminan hacia Santiago, los amantes del arte románico, los interesados en el esoterismo, los que viven de cerca las andanzas de los Templarios, los que defienden que esto fue un observatorio para contemplar en el cielo las diversas constelaciones… Y es que Eunate, empezando por su propio nombre, eun ate, o cien puertas si lo traducimos de la lengua vasca a la española, o para otros Onate (que es como figuraba en los documentos antiguos), ona ate, buena puerta, es todo un misterio, pero un misterio que a nadie deja indiferente.

Misterioso es también su origen, ligado parece ser a la voluntad de una reina, o de una dama –que también hasta aquí llega el misterio-, de levantar en ese punto un lugar de oración. Arquitectónicamente parece obvio que es un templo levantado por los Templarios (planta octogonal, marcas de los canteros, etc.), de hecho son muchos los que no contemplan otra posibilidad. Sin embargo conviene recordar que la documentación existente en el Archivo Nacional sobre esta orden es muy completa, y en ella Eunate brilla por su ausencia. Tampoco aparece en la documentación que hay en Navarra sobre el Temple.

Así pues, nos quedamos con lo que es evidente, con el hecho de que estamos ante un edificio románico levantado en la segunda mitad del XII, y que se mire desde donde se mire… cautiva. Eunate no hay que perdérselo.