SANTUARIO DE SAN MIGUEL DE ARALAR

UHARTE ARAKIL – NAVARRA LEYENDA, PIEDRAS, RELIQUIA, Y ESMALTES.

Cuenta la leyenda que un caballero, Teodosio de Goñi, gracias a la ayuda divina, pudo vencer al demonio, representado en esa lucha por un dragón, pudiendo así librarse de las cadenas que le forzaban a cumplir una condena por un crimen al que le había inducido el propio demonio. En agradecimiento por esta ayuda divina levantó en ese lugar una ermita dedicada al arcángel San Miguel, el mismo que también pudo con su espada vencer al dragón-demonio.

La realidad es que junto a la cima del monte Artxueta, en la sierra de Aralar, en Navarra, existe hoy un templo románico de una belleza extraordinaria; una belleza que viene del propio templo y de todo el entorno natural que le rodea, que es sencillamente indescriptible. El santuario de San Miguel in Excelsis tiene a sus espaldas una historia milenaria. Bastaría juntar en nuestra mente esa historia, esa estética y ese entorno natural para entender que estamos en un lugar en el que sobran las palabras.

El actual templo fue construido en la primera mitad del siglo XII, ampliando de esa manera otro pequeño templo anterior de principios del XI. Pero lo más importante de todo es saber que, pese a todo el valor arquitectónico, lo que realmente le hace excepcional a este santuario es el pequeño retablo, un retablo que nada tiene que ver con todo lo que podamos ver en cualquier otro templo del mundo; estamos ante una de las grandes obras maestras del arte románico, ante la obra cumbre de la esmaltería europea. Se trata de un frontal de esmaltes y cristales de roca, de 2 metros de longitud por 1’14 de altura, que preside el presbiterio. El santuario de San Miguel de Aralar viene a recordarnos que el arte románico no solo está en el patrimonio arquitectónico.

Pero el santuario todavía esconde otro tesoro, un Lignum Crucis con vocación viajera, recubierto con una funda que… es mejor ir a verla.